lunes, 17 de noviembre de 2014

23/11/2014 - 34º domingo Tiempo ordinario - Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (A)

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El pasado 2 de octubre, José Antonio Pagola nos visitó en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Iglesia de Sopela, dándonos la conferencia:
"Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción". 
Pulsando aquí podréis disfrutar de ella.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Para leer, compartir, bajarse o imprimir las homilias de José Antonio Pagola del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer las homilias de cada ciclo.

¡Volver a Jesucristo! Iniciar la reacción.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

No dejes de visitar la nueva página de VÍDEOS DE LAS CONFERENCIAS DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA .

------------------------------------------------------------------------------------------------------------

34º domingo Tiempo ordinario - Solemnidad de JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (A)


EVANGELIO

Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46

En aquel tiempo,' dijo Jesús a sus discípulos:
-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.
Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.
Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.
Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá:  "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra de Dios.

HOMILIA

2013-2014 -
23 de noviembre de 2014

GRACIAS A TODOS

Por estos días se cumplen 34 años desde que comencé a escribir mi comentario semanal al evangelio de cada domingo. Primeramente, a través de la prensa y la radio de mi ciudad de San Sebastián (España). Luego, a través de internet por medio de la Red evangelizadora Buenas Noticias. Siento que me ha llegado el momento de cerrar este ciclo, tan estimulante y enriquecedor para mí.
No me retiro de mi actividad evangelizadora ni de mi oficio de escritor, pero, a mi edad, necesito más tiempo y sosiego para poder trabajar con otro ritmo en proyectos que todavía puedo llevar adelante. Mientras tenga fuerzas, quiero vivir mis últimos años  contribuyendo al impulso de esa renovación de la Iglesia a la que nos está llamando el papa Francisco. En concreto, quiero seguir promoviendo de diversas maneras la conversión a Jesús, a su Evangelio y a su proyecto humanizador del reino de Dios.
Este será pues mi último envío. Sin embargo, también en el futuro seguiréis recibiendo, desde grupos de Jesus, comentarios míos de cada domingo, seleccionados de los muchos que he escrito. También los podréis encontrar en la Web buenanoticia.net. Por otra parte, sabed que una selección muy completa de mis comentarios están ya publicados en cuatro pequeños volúmenes: en español (Ed. PPC); en catalán (Ed. Claret); en italiano (Ed. Borla); en  brasileiro (Ed. Vozes). Y se están publicando los primeros volúmenes en inglés y en euskara.
En estos momentos solo siento un agradecimiento grande a todos. En primer lugar, a la querida comunidad del Carmelo de Hondarribia, que con tanta entrega y generosidad os habéis encargado de enviar el comentario de cada semana, superando a veces no pocas dificultades. Luego, a los traductores/as que, con vuestro trabajo oculto y gratuito, habéis hecho posible la difusión del Evangelio en diferentes lenguas.
Quiero también agradecer a quienes a través de páginas Web, servicios y periódicos digitales, radios, revistas, multicopias... habéis hecho llegar mi comentario evangélico hasta los lugares más insospechados de la Tierra. Siento un agradecimiento especial a tantos cientos de personas que, desde vuestro ordenador personal lo habéis enviado a misioneros, a personas mayores o enfermas, a gentes alejadas...
Esta red evangelizadora que hemos formado entre todos a lo largo de estos años no debe romperse. Vamos a utilizar  los comentarios que nos irán llegando o los textos que tenemos en nuestros ordenadores  para seguir difundiendo cada semana la Buena Noticia de Jesús. No perdamos nunca la confianza en él. Jesús renovará nuestra fe y salvará a su Iglesia de esta crisis.

José Antonio Pagola


Enlaces de internet donde encontrareis los nuevos servicios:
Red Buenas noticias.
Grupos de Jesús
Correo de contacto coordinador para los Grupos de Jesús y Red Buenas Noticias
En el blog de la Iglesia de Sopela podréis encontrar todos los comentarios semanales al evangelio de cada domingo escritas por José Antonio Pagola en estos 34 años.


HOMILIA

2014-2015 -
23 de noviembre de 2014

UN JUICIO EXTRAÑO

Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».
¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?
Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?
El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.
El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».
Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino...
Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

José Antonio Pagola


HOMILIA

2010-2011 -
20 de noviembre de 2011

LO DECISIVO

El relato no es propiamente una parábola sino una evocación del juicio final de todos los pueblos. Toda la escena se concentra en un diálogo largo entre el Juez que no es otro que Jesús resucitado y dos grupos de personas: los que han aliviado el sufrimiento de los más necesitados y los que han vivido negándoles su ayuda.
A lo largo de los siglos los cristianos han visto en este diálogo fascinante "la mejor recapitulación del Evangelio", "el elogio absoluto del amor solidario" o "la advertencia más grave a quienes viven refugiados falsamente en la religión". Vamos a señalar las afirmaciones básicas.
Todos los hombres y mujeres sin excepción serán juzgados por el mismo criterio. Lo que da un valor imperecedero a la vida no es la condición social, el talento personal o el éxito logrado a lo largo de los años. Lo decisivo es el amor práctico y solidario a los necesitados de ayuda. 
Este amor se traduce en hechos muy concretos. Por ejemplo, «dar de comer», «dar de beber», «acoger al inmigrante», «vestir al desnudo», «visitar al enfermo o encarcelado». Lo decisivo ante Dios no son las acciones religiosas, sino estos gestos humanos de ayuda a los necesitados. Pueden brotar de una persona creyente o del corazón de un agnóstico que piensa en los que sufren.
El grupo de los que han ayudado a los necesitados que han ido encontrando en su camino, no lo han hecho por motivos religiosos. No han pensado en Dios ni en Jesucristo. Sencillamente han buscado aliviar un poco el sufrimiento que hay en el mundo. Ahora, invitados por Jesús, entran en el reino de Dios como "benditos del Padre".
¿Por qué es tan decisivo ayudar a los necesitados y tan condenable negarles la ayuda? Porque, según revela el Juez, lo que se hace o se deja de hacer a ellos, se le está haciendo o dejando de hacer al mismo Dios encarnado en Cristo. Cuando abandonamos a un necesitado, estamos abandonando a Dios. Cuando aliviamos su sufrimiento, lo estamos haciendo con Dios.
Este sorprendente mensaje nos pone a todos mirando a los que sufren. No hay religión verdadera, no hay política progresista, no hay proclamación responsable de los derechos humanos si nos es defendiendo a los más necesitados, aliviando su sufrimiento y restaurando su dignidad.
En cada persona que sufre Jesús sale a nuestro encuentro, nos mira, nos interroga y nos suplica. Nada nos acerca más a él que aprender a mirar detenidamente el rostro de los que sufren con compasión. En ningún lugar podremos reconocer con más verdad el rostro de Jesús.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 - Recreados por Jesús
23 de noviembre de 2008

UN JUICIO SORPRENDENTE

Lo hicisteis conmigo.

Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».
¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?
Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?
El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.
El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».
Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino...
Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS
20 de noviembre de 2005

LO DECISIVO

Tuve hambre y me diste de comer.

La parábola del «juicio final» es, en realidad, una descripción grandiosa del veredicto final sobre la historia humana. No es fácil reconstruir el relato original de Jesús, pero la escena nos permite captar la «revolución» que ha introducido en la orientación del mundo.
Allí están gentes de todas las razas y pueblos, de todas las culturas y religiones. Se va a escuchar la última palabra que lo esclarecerá todo. Dos grupos van emergiendo de aquella muchedumbre. Unos son llamados a recibir la bendición de Dios: son los que se han acercado con compasión a los necesitados y han hecho por ellos lo que podían. Otros son invitados a apartarse: han vivido indiferentes al sufrimiento de los demás.
Lo que va a decidir la suerte final no es la religión en la que uno ha vivido ni la fe que ha confesado durante su vida. Lo decisivo es vivir con compasión ayudando a quien sufre y necesita nuestra ayuda. Lo que se hace a gentes hambrientas, inmigrantes indefensos, enfermos desvalidos o encarcelados olvidados por todos, se le está haciendo al mismo Dios. La religión más agradable al Creador es la ayuda al que sufre.
En la escena evangélica no se pronuncian grandes palabras como «justicia», «solidaridad» o «democracia». Sobran todas, si no hay ayuda real a los que sufren. Jesús habla de comida, ropa, algo de beber, un techo para resguardarse.
No se habla tampoco de «amor». A Jesús le resultaba un lenguaje demasiado abstracto. No lo usó prácticamente casi nunca. Aquí se habla de cosas tan concretas como «dar de comer», «vestir», «hospedar», «visitar», «acudir». En el «atardecer de la vida» no se nos examinará del amor; se nos preguntará qué hemos hecho en concreto ante las personas que necesitaban nuestra ayuda.
Éste es el grito de Jesús a toda la humanidad: ocupaos de los que sufren, cuidad a los pequeños. En ninguna parte se construirá la vida tal como la quiere Dios si no es liberando a las gentes del sufrimiento. Ninguna religión será bendecida por él si no genera compasión hacia los últimos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO
24 de noviembre de 2002

ACOMPAÑAR

Venid, vosotros, benditos de mi Padre.

No es fácil estar a la cabecera de un ser querido cuando se acerca su final. Nadie nos ha preparado a familiares o amigos para coger su mano y recorrer juntos el último tramo de su vida. Queremos acertar pero no sabemos muy bien qué hacer.
Lo primero es centrar nuestra atención en la persona enferma, no en la enfermedad. Los médicos y enfermeras se ocuparán de su mal. Nosotros hemos de estar muy atentos a lo que vive en su interior. Lo nuestro es no dejarle solo, acompañarlo de cerca con cariño y ternura grande.
Acompañarlo quiere decir escuchar su pena e impotencia, entender sus deseos de curarse, comprender su desconcierto y sus miedos. A veces, tendremos que sufrir tal vez su irritación y sus enfados. No importa. Estamos así aliviando su tensión.
Hemos de evitar siempre lo que puede crear en ese enfermo querido turbación, resentimiento o tristeza. Hemos de despertar en él paz, confianza y serenidad. Qué suerte es poder entonces conversar desde la fe para ayudarle, también en esa hora terrible, a sentirse envuelto por el amor inmenso de Dios.
No hay que utilizar tópicos ni frases vacías de verdad. No hay que decirle que está bien si él se siente mal. No hay que engañarle cuando sospecha ya lo inevitable. Son horas sagradas. Tenemos que hacerle preguntas acertadas: ¿quieres algo más?, ¿quieres hablar a solas con alguien? ¿cómo quieres que se te ayude mejor?
Cuando el final se acerca, las palabras resultan cada vez más pobres. Lo importante son ahora los gestos: la mirada cariñosa, el beso suave, la caricia sentida, nuestras manos apretando la suya. Qué consolador poder sugerir al enfermo una invocación sencilla y confiada a Dios que pueda repetir en su corazón.
Jesús declara «benditos de su Padre» a quienes ayudan al necesitado, acogen al extranjero, visten al desnudo o se acercan al enfermo y al preso, aunque no lo hagan motivados por fe religiosa alguna. Nadie tan pobre, necesitado y desvalido como el que está ya cerca de su muerte. Aunque no seamos muy religiosos o creyentes, Dios nos bendice cuando nos ve ayudándonos mutuamente a morir con paz.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR
21 de noviembre de 1999

ESTA CÁRCEL NO SIRVE

Estuve en la cárcel, y no me visitasteis.

Todo el mundo lo sabe. La cárcel no rehabilita al delincuente. Los penalistas hablan de que la pena ha de contribuir a la resocialización del penado, a su «reinserción» o «integración» en la sociedad. De hecho no es así. Al contrario, en muchos casos la prisión lo envilece, destruye aún más su personalidad e incluso lo enraíza más profundamente en el camino de la delincuencia.
El fracaso de la resocialización no se debe sólo a los escasos resultados obtenidos, sino a objeciones de fondo que algunos penalistas exponen con rigor. Por una parte, parece contradictorio pretender reinsertar en la sociedad a quien se le aparta de ella mediante una drástica prisión. Por otra, si el tratamiento al recluso se reduce a una inversión externa, difícilmente se pueden lograr cambios fundamentales en la personalidad del preso, en su esquema de valores o en su actitud ante la vida.
Mientras tanto, es general en la sociedad el olvido y la indiferencia. Los presos no interesan. Son pocos y la defensa de su causa no da votos. Los colectivos que los apoyan resultan molestos. Socialmente funcionan más bien dos principios muy simples: «hay que defenderse de los infractores del orden» (seguridad ciudadana), «el que la hace la paga» (justicia estricta).
En esta sociedad que se dice progresista, nadie se quiere enterar de que en el origen de nuestras cárceles más que culpabilidad —que la hay— se da enfermedad, deterioro humano y exclusión social. Muchos de los encarcelados —basta tratar con ellos—, provenientes de la marginación, esclavos de la droga, con mala salud física o mental, privados de afecto, con un futuro incierto, están abocados a una destrucción progresiva al no recibir la ayuda que necesitan.
No son pocos los que trabajan para mejorar su tratamiento médico y asistencia psicológica, la gestión de permisos y salidas terapéuticas o la aplicación de medidas a las que tienen derecho. No es suficiente. Esta cárcel no ayuda a la recuperación humana y social de los presos. La sociedad ha de conocer mejor el sufrimiento y la destrucción que padece este grupo de personas. Los penalistas han de suscitar un amplio debate social. Los responsables públicos han de buscar alternativas eficaces.
Mientras tanto en la conciencia de los creyentes ha de resonar actualizado el grito de Cristo: «Estoy en la cárcel y no me visitáis.»

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
24 de noviembre de 1996

VERDADERO PROGRESO

Tuve hambre y no me disteis de comer.

Teóricamente todas las personas gozamos de los mismos derechos fundamentales. Así lo proclaman las Declaraciones internacionales y los Congresos. En realidad no es así. A estas alturas de la historia hemos de decir con el conocido obispo P Casaldáliga que «hay una Humanidad de primera clase
—que tiene el derecho de vivir en el despilfarro— y una Humanidad de tercera clase —que tiene el deber de morirse de hambre—».
Nosotros solemos hablar del Mundo como si hubiera uno sólo. En realidad hay dos Mundos bien diferentes: el que cuenta, que es nuestro mundo, y el que sobra, que son todos esos pueblos que malviven por debajo del nivel de pobreza, y luchan por sobrevivir del hambre o la desnutrición.
Este es el resultado real del progreso humano en el planeta Tierra. El «no va más» que hemos logrado los hombres. Y por este camino se ha de seguir. Al menos, así lo decretan las leyes intocables del «Mercado Total», que ejecutarán sin compasión alguna el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o los Siete Grandes. En esto consiste el progreso: en desarrollar sin límite alguno el bienestar de los privilegiados excluyendo a los más débiles y desfavorecidos.
En medio de todo eso están las grandes religiones hablando de Dios, y las diferentes Iglesias predicando a Jesucristo. Ahí estamos nosotros, los cristianos, preparándonos para celebrar dos mil años de evangelio supuestamente vivido. Entre la complicidad y la inconsciencia. Sin fuerza para generar una solidaridad más eficaz entre los pueblos.
Sin embargo, no es difícil resumir el núcleo del evangelio. Bastan dos frases: «Dios es Padre de todos los seres humanos» y «la única manera de orientar la vida humana según ese Dios es promover la fraternidad y la justicia entre los hombres». Esto es lo sustancial: que entre los hombres reine Dios y su justicia. Todo lo demás viene después. Se entiende bien ese texto pragmático en el que Jesús recoge el significado y la orientación esencial de su existencia: «El Espíritu del Señor está sobre mí, él me ha ungido y me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres.»
Sería imperdonable no captar que Cristo pone a la Humanidad mirando en una nueva dirección: hacia los últimos, los excluidos, los pobres. El verdadero progreso no consiste en que una minoría privilegiada alcance un bienestar ilimitado excluyendo a los más débiles. La Humanidad progresa realmente como tal cuando avanza en solidaridad y vida digna para todos. Para ser más humanos no basta mirar hacia Maastrich. Hay que mirar hacia Rwanda, Etiopía y demás pueblos pobres de la Tierra. Son ellos quienes decidirán nuestra suerte final: «Venid benditos de mi Padre... porque tuve hambre y me disteis de comer... Apartaos de m4 malditos... porque tuve hambre y no me disteis de comer. »

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
21 de noviembre de 1993

GRATIS

Tuve hambre y me disteis de comer.

Llama la atención con qué fuerza destacan los estudios recientes el carácter individualista e insolidario del hombre contemporáneo. Según diferentes análisis, el europeo se va haciendo cada vez más narcisista. Vive pendiente de sus intereses y olvidado, casi por completo, de los vínculos que lo unen a los demás hombres.
C.B. Macpherson habla del «individualismo posesivo)) que lo impregna casi todo. Cada uno busca su bienestar, seguridad o placer. Lo que no le afecta le tiene sin cuidado. L. Lies llega a afirmar que el «soltero» (single), libre de obligaciones y dependencias, representa cada vez más el ideal de libertad y autonomía en la sociedad actual.
Detrás de todos los datos y sondeos parece apuntar una realidad aterradora. El hombre moderno está perdiendo capacidad de sentir y de expresar amor. No acierta a sentir solicitud, cuidado y responsabilidad por otros seres humanos que no caigan dentro de sus intereses. Vive «ensimismado» en sus cosas y su mundo, en una actitud narcisista que ya Freud consideró como un estado inferior en el desarrollo de la persona.
Pero, dentro de esta sociedad individualista hay un colectivo admirable que nos recuerda también hoy la grandeza que se encierra en el ser humano. Son los voluntarios. Esos hombres y mujeres que saben acercarse a los que sufren, movidos solamente por su voluntad de servir. En medio de nuestro mundo competitivo y pragmático, ellos son portadores de una «cultura de la gratuidad».
No trabajan por ganar dinero. Su vocación es hacer el bien gratuitamente. Los podréis encontrar acompañando a jóvenes toxicómanos, aliviando a ancianos solos, atendiendo a vagabundos, escuchando a gentes desesperanzadas, cuidando a niños semiabandonados o trabajando en diferentes servicios sociales.
No son seres vulgares, pues su trabajo está movido sólo por el amor. Por eso, no puede cualquiera ser un verdadero voluntario. Lo recordaba bellamente Leon Tolstoi con estas palabras: «Se pueden talar árboles, fabricar ladrillos y forjar hierro sin amor. Pero es preciso tratar con amor a los seres humanos... Si no sientes afecto por los hombres, ocúpate en lo que sea, pero no de ellos.»
Al final, no se nos va a juzgar por nuestras bellas teorías ni grandes palabras, sino por el amor concreto a los necesitados. Estas son las palabras de Jesús: «Venid, benditos de mi Padre... porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber...» Ahí está la verdad última de nuestra vida.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
25 de noviembre de 1990

CALIDAD HUMANA

Tuve hambre y me disteis de comer.

No es la misericordia uno de esos «valores progresistas» que hayamos de cultivar para estar al día. Basta con defender la democracia, el ejercicio de las libertades y la racionalidad ética.
Lo deplorable es que, detrás de palabras tan hermosas, se esconde con frecuencia un hombre cargado de cinismo, avidez y mediocridad, incapaz de reaccionar ante el sufrimiento ajeno.
Lo importante es situarse lo mejor posible dentro del «estado de bienestar» (nuestro idolatrado Welfare State), de espaldas a ese otro «estado de malestar» del que hablaba recientemente Mario Benedetti y al que vamos marginando a los más débiles y desgraciados.
Hay que luchar, competir y ganar siempre más. Eso es todo. ¿Quién tiene tiempo para pensar en «las víctimas»? ¿Quién puede tener el mal gusto de recordar la misericordia en una sociedad inmisericorde y despiadada?
Sin embargo, es precisamente la misericordia lo que, según Jesús, define radicalmente al hombre. Sin misericordia, la persona queda viciada de raíz y deja de ser humana.
Por eso, en la parábola del «juicio de las naciones» se nos dice que la suerte de todo hombre se decide en virtud de su capacidad de reaccionar con misericordia ante los que sufren hambre, sed, desamparo, enfermedad o cárcel.
Pero hay que entender esto bien. Vivir «con entrañas de misericordia » no es tener un corazón sensiblero ni tampoco practicar, de vez en cuantió, alguna «obra de misericordia» que aquiete nuestra conciencia y nos permita seguir tranquilos nuestro camino egoísta de siempre.
Para evitar malentendidos, fon Sobrino prefiere hablar del «Principio-Misericordia», es decir, de un principio interno, siempre presente y activo en la persona, que da una determinada dirección y estilo a toda su conducta.
Quien vive movido por el «Principio-Misericordia», reacciona ante el sufrimiento ajeno interiorizándolo, dejándolo entrar en sus entrañas y en su corazón, con todas sus consecuencias. Y es precisamente el sufrimiento de los demás, captado cordialmente, el que se convierte en principio conductor de toda su actuación.
Es esta misericordia la que da «categoría humana» a la persona. No hay escapatoria posible. Podemos triunfar profesionalmente, ocupar cargos relevantes, movernos con éxito en las relaciones sociales. Si no sé reaccionar con misericordia ante el sufrimiento de los demás, no soy humano.
Resulta fácil, por ello, conocer mi calidad humana. Basta responder a estas preguntas: ¿Sé ver el sufrimiento de las gentes? ¿Cómo reacciono ante ese sufrimiento? ¿Qué hago por erradicarlo?

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
22 de noviembre de 1987

CONTRA LA DEPRESION

Me lo hacéis a mí.

Todo parece indicar que cada vez es mayor el número de personas que sufren crisis depresivas y luchan por recuperar de nuevo el gusto por la vida.
Sin duda, es muy importante la ayuda sicológica y la terapia de apoyo que les pueden prestar los expertos. Pero, en definitiva, es la misma persona la que tiene que dar pasos acertados.
Por lo general, quien padece una depresión se siente arrastrado a cavilar una y otra vez sobre sus angustias, sus miedos e impotencia.
Pero mientras sigue girando alrededor de sí mismo sin acabar nunca en sus reflexiones, el cerco se estrecha cada vez más y la persona se va hundiendo en una especie de remolino sin salida.
Mientras uno sólo piensa en sus problemas y se atormenta a sí mismo preguntándose: “adónde encontraré yo mi paz?» “adónde encontraré yo quien me comprenda?”, no está abriendo la puerta que le puede llevar a la paz y la salud.
El prestigioso doctor Gerhard Nebel llega a decir que “el estar plenamente a disposición del prójimo es el único medicamento eficaz para la neurosis y la depresión».
Con frecuencia, no nos damos cuenta hasta qué punto somos nosotros mismos quienes ahogamos en nosotros la vida y generamos nuestras crisis depresivas dedicándonos exclusivamente a nuestras cosas y olvidando totalmente a los demás.
Jesús invita a todo el que quiera encaminarse hacia la vida verdadera a vivir siempre abierto a todo hombre que encontremos en nuestro camino y pueda necesitar nuestra ayuda.
Si le ofrecemos nuestro apoyo somos nosotros mismos quienes más recibiremos. Porque al encontrarnos con esas personas hambrientas, enfermas, desnudas, encarceladas o desvalidas, nos ponemos en contacto con Aquel que es el fundamento, la fuente y la meta de la vida.
Esta es la promesa de Jesús: “Os aseguro que lo que hagáis a uno de estos hermanos míos pequeños, me lo hacéis a mí”. Quien está con el hermano necesitado está en contacto con Aquel que es la Vida.
Esta promesa no es algo lejano e inverificable, sino una experiencia real para quien sabe acercarse con fe a los que sufren.
El que libera a los demás de problemas y preocupaciones se ve liberado de los suyos. El que ayuda a otros a vivir se ayuda a sí mismo. El que da amistad y apoyo recibe fuerza y aliento para vivir.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
25 de noviembre de 1984

LA SORPRESA FINAL

Entonces dirá el rey...

Los cristianos llevamos veinte siglos hablando del amor. Repetimos constantemente que el amor es el criterio último de toda actitud y comportamiento. Afirmamos que desde el amor será pronunciado el juicio definitivo sobre todas las personas, estructuras y realizaciones de los hombres.
Sin embargo, con ese lenguaje tan hermoso del amor podemos estar ocultando con frecuencia el mensaje auténtico de Jesús, mucho más directo, sencillo y concreto.
Es sorprendente observar que Jesús apenas pronuncia en los evangelios la palabra «amor». Tampoco en esta parábola que nos describe la suerte final de los hombres.
Al final, no se nos juzgará de manera general sobre el amor, sino sobre algo mucho más concreto: ¿Qué hemos hecho cuando nos hemos encontrado con alguien que nos necesitaba? ¿Cómo hemos reaccionado ante los problemas y sufrimientos de personas concretas que hemos ido encontrando en nuestro camino?
Lo decisivo en la vida no es lo que decimos o pensamos, lo que creemos o escribimos. No bastan tampoco los sentimientos hermosos, la compasión o las protestas estériles. Lo importante es ayudar a quien nos necesita.
La mayoría de ios cristianos nos sentimos satisfechos y tranquilos porque no hacemos a nadie ningún mal especialmente grave.
Se nos olvida que, según la advertencia de Jesús, estamos preparando nuestro fracaso final, siempre que cerramos nuestros ojos a las necesidades ajenas o eludimos cualquier responsabilidad que no sea en beneficio propio o nos contentamos con criticarlo todo, sin echar nunca una mano a nadie.
La parábola de Jesús nos obliga a hacernos preguntas muy concretas: ¿estoy haciendo algo por alguien? ¿a qué personas puedo yo prestar ayuda? ¿qué hago yo para que reine un poco más de justicia, solidaridad y amistad entre nosotros? ¿qué más podría hacer?
La última y decisiva enseñanza de Jesús es ésta: el reino de Dios es y será siempre de los que aman al pobre y le ayudan en su necesidad. Esto es lo esencial y definitivo.
Sólo que, como dice Saint-Exupéry, «lo esencial es invisible a los ojos» y queda oculto para quienes no saben amar gratis.
Un día se nos abrirán los ojos y descubriremos con sorpresa que el amor es la única verdad y que Dios reina allí donde hay hombres y mujeres capaces de amar y preocuparse por los demás.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
22 de noviembre de 1981

MÁS QUE UNA LIMOSNA

Tuve hambre, y no me disteis de comer.

Es bueno recordar el test definitivo de nuestra existencia, aunque nos sintamos una vez más molestos ante la palabra de Jesús.
Nuestra suerte se decidirá a partir de nuestro comportamiento práctico ante el sufrimiento ajeno de los pobres, hambrientos, enfermos, encarcelados... Esa será la pregunta: ¿Qué has hecho tú ante ese hermano al que encontraste sufriendo en la vida?
Nosotros lo hemos querido resolver todo de una manera muy sencilla: dando dinero, aportando nuestra limosna y contribuyendo en las colectas.
Pero, las cosas no son tan sencillas. «Las exigencias del amor que aquí se piden no se satisfacen con el sacramento del dinero, por la sencilla razón de que la misma manera de adquirir este dinero vuelve a incrementar la pobreza que cón él se quiere remediar» (J. B. Metz).
El amor a los necesitados no puede quedar reducido a «dar dinero», entre otras cosas porque no tiene sentido expresar nuestra solidaridad y compasión al necesitado con un dinero adquirido quizás de manera insolidaria y sin compasión de ninguna clase.
Para el hombre bíblico, la limosna tenía un contenido profundo que hoy se nos escapa. La limosna se designa en hebreo con el término «sedaqa» que significa «justicia». Podríamos decir que «dar limosna» equivale a «hacer justicia» en nombre de Dios a quienes no se la hacen los hombres.
Nuestro amor a los necesitados no se puede reducir a una acción asistencial, aunque ésta es totalmente imprescindible ante situaciones que no admiten demoras.
Tenemos que descubrir la injusticia que se encierra en nuestras vidas, aprendiendo poco a poco a mirarnos a nosotros mismos y mirar nuestros bienes desde los ojos de las clases y los pueblos pobres.
Hoy como siempre se nos pide dar un vaso de agua a quien encontremos sediento. Pero se nos pide además, ir transformando nuestra sociedad al servicio de los más necesitados y desposeídos.
Ante las injusticias concretas de nuestra sociedad, un cristiano no puede pretender una neutralidad ingenua, diciendo que no se quiere «meter en política».
De una manera o de otra, con nuestras actuaciones o con nuestra pasividad, todos «hacemos política», los individuos y las instituciones.
Por eso, no se trata de decidir si haremos política o no, sino de plantearse a favor de quién haremos política. Un creyente que escucha las palabras de Jesús, siga el partido que siga, sólo puede hacer una política: la que favorezca a los m4s necesitados y abandonados.

José Antonio Pagola

HOMILIA

ACOMPAÑAR

No es fácil estar a la cabecera de un ser querido cuando se acerca su final. Nadie nos ha preparado a familiares o amigos para coger su mano y recorrer juntos el último tramo de su vida. Queremos acertar pero no sabemos muy bien qué hacer.
Lo primero es centrar nuestra atención en la persona enferma, no en la enfermedad. Los médicos y enfermeras se ocuparán de su mal. Nosotros hemos de estar muy atentos a lo que vive en su interior. Lo nuestro es no dejarle solo, acompañarlo de cerca con cariño y ternura grande.
Acompañarlo quiere decir escuchar su pena e impotencia, entender sus deseos de curarse, comprender su desconcierto y sus miedos. A veces, tendremos que sufrir tal vez su irritación y sus enfados. No importa. Estamos así aliviando su tensión. Hemos de evitar siempre lo que puede crear en ese enfermo querido turbación, resentimiento o tristeza. Hemos de despertar en él paz, confianza y serenidad. Qué suerte es poder entonces conversar desde la fe para ayudarle, también en esa hora terrible, a sentirse envuelto por el amor inmenso de Dios.
No hay que utilizar tópicos ni frases vacías de verdad. No hay que decirle que está bien si él se siente mal. No hay que engañarle cuando sospecha ya lo inevitable. Son horas sagradas. Tenemos que hacerle preguntas acertadas: ¿quieres algo más?, ¿quieres hablar a solas con alguien? ¿cómo quieres que se te ayude mejor?
Cuando el final se acerca, las palabras resultan cada vez más pobres. Lo importante son ahora los gestos: la mirada cariñosa, el beso suave, la caricia sentida, nuestras manos apretando la suya. Qué consolador poder sugerir al enfermo una invocación sencilla y confiada a Dios que pueda repetir en su corazón.
Jesús declara «benditos de su Padre» a quienes ayudan al necesitado, acogen al extranjero, visten al desnudo o se acercan al enfermo y al preso, aunque no lo hagan motivados por fe religiosa alguna. Nadie tan pobre, necesitado y desvalido como el que está ya cerca de su muerte. Aunque no seamos muy religiosos o creyentes, Dios nos bendice cuando nos ve ayudándonos mutuamente a morir con paz.

José Antonio Pagola




Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com

Para ver videos de las Conferencias de José Antonio Pagola
                        http://iglesiadesopelana3v.blogspot.com


lunes, 10 de noviembre de 2014

16/11/2014 - 33º domingo Tiempo ordinario (A)

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
El pasado 2 de octubre, José Antonio Pagola nos visitó en la Parroquia de San Pedro Apóstol de la Iglesia de Sopela, dándonos la conferencia:
"Volver a Jesucristo. Iniciar la reacción". 
Pulsando aquí podréis disfrutar de ella.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Para leer, compartir, bajarse o imprimir las homilias de José Antonio Pagola del domingo haz "clic" sobre el título del domingo, o haz "clic" sobre Ciclo A, Ciclo B o Ciclo C, en el menú superior para leer las homilias de cada ciclo.

¡Volver a Jesucristo! Iniciar la reacción.
Video de la Conferencia de Jose Antonio Pagola. 

José Antonio Pagola: He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús.Aproximación histórica.

No dejes de visitar la nueva página de VÍDEOS DE LAS CONFERENCIAS DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA .

------------------------------------------------------------------------------------------------------------

33º domingo Tiempo ordinario (A)


EVANGELIO

Has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor.

+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 14-30

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó.
El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor.
Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos.
Se acercó el que habla recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."
Se acercó luego el que habla recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor."
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabia que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo."
El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabias que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues deblas haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene.
Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."

Palabra del Señor

HOMILIA

2013-2014 -
16 de noviembre de 2014

BÚSQUEDA CREATIVA

A pesar de su aparente inocencia, la parábola de los talentos encierra una carga explosiva. Sorprendentemente, el “tercer siervo” es condenado sin haber cometido ninguna acción mala. Su único error consiste en “no hacer nada”: no arriesga su talento, no lo hace fructificar, lo conserva intacto en un lugar seguro.
El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta activa a Dios. No a la obsesión por la seguridad, sí al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al trabajo comprometido en abrir caminos al reino de Dios.
El gran pecado de los seguidores de Jesús puede ser siempre el no arriesgarnos a seguirlo de manera creativa. Es significativo observar el lenguaje que se ha empleado entre los cristianos a lo largo de los años para ver en qué hemos centrado con frecuencia la atención: conservar el depósito de la fe; conservar la tradición; conservar las buenas costumbres; conservar; la gracia; conservar la vocación...
Esta tentación de conservadurismo es más fuerte en tiempos de crisis religiosa. Es fácil entonces invocar la necesidad de controlar la ortodoxia, reforzar la disciplina y la normativa; asegurar la pertenencia a la Iglesia... Todo puede ser explicable, pero ¿no es con frecuencia una manera de desvirtuar el evangelio y congelar la creatividad del Espíritu?
Para los dirigentes religiosos y los responsables de las comunidades cristianas puede ser más cómodo “repetir” de manera monótona los caminos heredados del pasado, ignorando los interrogantes, las contradicciones y los planteamientos del hombre moderno, pero ¿de qué sirve todo ello si no somos capaces de transmitir luz y esperanza a los problemas y sufrimientos que sacuden a los hombres y mujeres de nuestros días?
Las actitudes que hemos de cuidar hoy en el interior de la Iglesia no se llaman “prudencia”, “fidelidad al pasado”, “resignación”... Llevan más bien otro nombre: “búsqueda creativa”, “audacia”, “capacidad de riesgo”, “escucha al Espíritu” que todo lo hace nuevo.
Lo más grave puede ser que, lo mismo que le sucedió al tercer siervo de la parábola, también nosotros creamos que estamos respondiendo fielmente a Dios con nuestra actitud conservadora, cuando estamos defraudando sus expectativas. El principal quehacer de la Iglesia hoy no puede ser conservar el pasado, sino aprender a comunicar la Buena Noticia de Jesús en una sociedad sacudida por cambios socioculturales sin precedentes.


José Antonio Pagola

HOMILIA

2010-2011 -
13 de noviembre de 2011

MIEDO AL RIESGO

La parábola de los talentos es muy conocida entre los cristianos. Según el relato, antes de salir de viaje, un señor confía la gestión de sus bienes a tres empleados. A uno le deja cinco talentos, a otro dos y a un tercero un talento: «a cada cual según su capacidad». De todos espera una respuesta digna.
Los dos primeros se ponen «enseguida» a negociar con sus talentos. Se les ve trabajar con decisión, identificados con el proyecto de su señor. No temen correr riesgos. Cuando llega el señor le entregan con orgullo los frutos: han logrado duplicar los talentos recibidos.
La reacción del tercer empleado es extraña. Lo único que se le ocurre es «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando vuelve su señor, se justifica con estas palabras: «Señor, sabía que eras exigente y siegas donde no siembras... Por eso, tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo». El señor lo condena como empleado «negligente».
En realidad, la raíz de su comportamiento es más profunda. Este empleado tiene una imagen falsa del señor. Lo imagina egoísta, injusto y arbitrario. Es exigente y no admite errores. No se puede uno fiar. Lo mejor es defenderse de él.
Esta idea mezquina de su señor lo paraliza. No se atreve a correr riesgo alguno. El miedo lo tiene bloqueado. No es libre para responder de manera creativa a la responsabilidad que se le ha confiado. Lo más seguro es «conservar» el talento. Con eso basta.
Probablemente, los cristianos de las primeras generaciones captaban mejor que nosotros la fuerza interpeladora de la parábola. Jesús ha dejado en nuestras manos el Proyecto del Padre de hacer un mundo más justo y humano. Nos ha dejado en herencia el mandato del amor. Nos ha confiado la gran Noticia de un Dios amigo del ser humano. ¿Cómo estamos respondiendo hoy los seguidores de Jesús?
Cuando no se vive la fe cristiana desde la confianza sino desde el miedo, todo se desvirtúa. La fe se conserva pero no se contagia. La religión se convierte en deber. El evangelio es sustituido por la observancia. La celebración queda dominada por la preocupación ritual.
Sería un error presentarnos un día ante el Señor con la actitud del tercer empleado: "Aquí tienes lo tuyo. Aquí está tu Evangelio, aquí está el proyecto de tu reino y tu mensaje de amor a los que sufren. Lo hemos conservado fielmente. Lo hemos predicado correctamente. No ha servido mucho para transformar nuestra vida. Tampoco para abrir caminos de justicia a tu reino. Pero aquí lo tienes intacto".

José Antonio Pagola

HOMILIA

2007-2008 - Recreados por Jesús
16 de noviembre de 2008

NO ENTERRAR NUESTRA RESPONSABILIDAD

Tuve miedo y fui a esconder mi talento.

La parábola de los talentos es un relato abierto que se presta a lecturas diversas. De hecho, comentaristas y predicadores la han interpretado con frecuencia en un sentido alegórico orientado en diferentes direcciones. Es importante que nos centremos en la actuación del tercer siervo, pues ocupa la mayor atención y espacio en la parábola.
Su conducta es extraña. Mientras los otros siervos se dedican a hacer fructificar los bienes que les ha confiado su señor, al tercero no se le ocurre otra cosa que «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro. Cuando el señor llega, lo condena como siervo «negligente y holgazán» que no ha entendido nada. ¿Cómo se explica su comportamiento?
Este siervo no se siente identificado con su señor ni con sus intereses. En ningún momento actúa movido por el amor. No ama a su señor, le tiene miedo. Y es precisamente ese miedo el que lo lleva a actuar buscando su propia seguridad. El mismo lo explica todo: «Tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra».
Este siervo no entiende en qué consiste su verdadera responsabilidad. Piensa que está respondiendo a las expectativas de su señor, conservando su talento seguro, aunque improductivo. No conoce lo que es una fidelidad activa y creativa. No se implica en los proyectos de su señor. Cuando éste llega, se lo dice claramente: «Aquí tienes lo tuyo».
Cuando se piensa que el cristianismo ha llegado a un punto en el que lo único o lo primordial es «conservar» y, no tanto, buscar con coraje y confianza en el Señor, caminos nuevos para acoger, vivir, y anunciar su proyecto del reino de Dios, estamos olvidando cuál es nuestra verdadera responsabilidad.
Si nunca nos sentimos llamados a seguir las exigencias de Cristo más allá de lo enseñado y mandado siempre; si no arriesgamos nada por hacer una Iglesia más fiel a Jesús; si nos mantenemos ajenos a cualquier conversión que nos pueda complicar la vida; si no asumimos la responsabilidad del reino como lo hizo Jesús, buscando «vino nuevo en odres nuevos», es que necesitamos aprender la fidelidad activa, creativa y arriesgada a la que nos invita su parábola.

José Antonio Pagola

HOMILIA

2004-2005 – AL ESTILO DE JESÚS
13 de noviembre de 2005

NO ENTERRAR LA VIDA

Fui a esconder tu talento bajo tierra.

La parábola de los talentos es, seguramente, una de las más conocidas. Antes de salir de viaje, un señor confía sus bienes a tres empleados. Los dos primeros se ponen de inmediato a trabajar. Cuando el señor regresa, le presentan los resultados: ambos han duplicado los talentos recibidos. Su esfuerzo es premiado con generosidad pues han sabido responder a las expectativas de su señor.
La actuación del tercer empleado es extraña. Lo único que se le ocurre es «esconder bajo tierra» el talento recibido y conservarlo seguro hasta el final. Cuando llega el señor, se lo entrega pensando que ha respondido fielmente a sus deseos: «Aquí tienes lo tuyo». El señor lo condena. Este empleado «negligente y holgazán» no ha entendido nada. Sólo ha pensado en su seguridad.
El mensaje de Jesús es claro. No al conservadurismo, sí a la creatividad. No a una vida estéril, sí a la respuesta viva al Creador. No a la obsesión por la seguridad, si al esfuerzo arriesgado por transformar el mundo. No a la fe enterrada bajo el conformismo, sí al seguimiento comprometido a Jesús.
Es muy tentador vivir siempre evitando problemas y buscando tranquilidad: no comprometernos en nada que nos pueda complicar la vida, defender nuestro pequeño bienestar. No hay una forma mejor de vivir una vida estéril, pequeña y sin horizonte.
Lo mismo sucede en la vida cristiana. Nuestro mayor riesgo no es salirnos de los esquemas de siempre y caer en innovaciones exageradas, sino congelar nuestra fe y apagar la frescura del evangelio. Hemos de preguntamos qué estamos sembrando en la sociedad, a quiénes contagiamos esperanza, dónde aliviamos sufrimiento.
Sería un error presentarnos ante Dios con la actitud del tercer siervo: «Aquí tienes lo tuyo. Aquí está tu evangelio, el proyecto de tu reino, tu mensaje de amor a los que sufren. Lo hemos conservado fielmente. No ha servido para transformar nuestra vida ni para introducir tu reino en el mundo. No hemos querido correr riesgos. Pero aquí lo tienes intacto».

José Antonio Pagola

HOMILIA

2001-2002 – CON FUEGO
17 de noviembre de 2002

ARRIESGARSE

Fui a esconder tu talento bajo tierra.

Con frecuencia se ha entendido la religión como un sistema de creencias y prácticas que sirven para protegerse contra Dios, pero no ayudan a vivir de manera creativa. Esta religión conduce a una vida triste y estéril donde lo importante es vivir seguros ante Dios, pero donde falta alegría y dinamismo.
Hay que decirlo sin rodeos. En el fondo de esa religión sólo hay miedo. Quien busca protegerse de Dios es que le tiene miedo. Esa persona no ama a Dios, no confía en él, no disfruta de su misericordia. Sólo le teme y por eso busca en la religión remedio para sus miedos y fantasmas.
Después de Jesús, no tenemos ya derecho a entender y vivir así lo religioso. Dios no es un tirano que atemoriza a los hombres buscando egoístamente su propio interés, sino un Padre que le confía a cada uno el gran regalo de la vida. Por eso, Jesús imagina a sus seguidores no como «observantes piadosos» de una religión, sino como creyentes audaces dis puestos a correr riesgos y superar dificultades para «inventar» una vida más digna y dichosa para todos. Un discípulo de Jesús se siente llamado a todo menos a enterrar su vida de manera estéril.
El tercer siervo de la parábola es condenado, no por hacer algo malo sino porque, paralizado por el temor a su Señor, «entierra» los talentos que se le han confiado. El mensaje es claro. A Dios no se le puede devolver la vida diciendo: «Aquí está lo tuyo. La vida que me diste no ha servido para nada». Es un error vivir una vida «religiosamente correcta» sin arriesgamos a vivir el amor de manera más audaz y creativa.
Quien sólo busca cuidar su vida, protegerla y defenderla, la echa a perder. Quien no sigue las aspiraciones más nobles de su corazón por miedo a fracasar, ya está fracasando. Quien no toma iniciativa alguna para no equivocarse, ya se está equivocando. Quien sólo se dedica a conservar su virtud y su fe, corre el riesgo de enterrar su vida. Al final, no habremos cometido grandes errores, pero no habremos vivido.
Jesús es una invitación a vivir intensamente. A lo único que hemos de temer es a vivir siempre con miedo a arriesgarnos, con temor a salimos de lo «correcto», sin audacia para renovamos, sin valor para actualizar el evangelio, sin fantasía para inventar el amor cristiano.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1998-1999 – FUERZA PARA VIVIR
14 de noviembre de 1999

ARRIESGAR

Fui a esconder tu talento bajo tierra.

El quehacer de la Iglesia no es conservar el pasado. Nadie puede poner en duda su necesidad de alimentarse en la experiencia fundante de Cristo ni de reavivar una y otra vez lo mejor que el Espíritu ha generado a lo largo de los siglos, pero la Iglesia no ha de convertirse en monumento de lo que ha sido. De nada sirve ser fieles al pasado cuando ese pasado apenas guarda relación con los interrogantes y desafíos del presente.
El objetivo de la Iglesia no es tampoco sobrevivir. Esto significaría olvidar su misión más profunda que es comunicar en cada momento histórico la Buena Noticia de un Dios Padre que ha de ser estímulo, horizonte y esperanza para el ser humano. De nada sirven las estrategias y adaptaciones externas para restaurar seguridades si no es capaz de transmitir algo significativo a los hombres y mujeres de hoy.
Por eso las virtudes a desarrollar en el interior de la Iglesia actual no se llaman «prudencia», «conformidad», «resignación», «fidelidad al pasado». Llevan más bien el nombre de «audacia», «capacidad de riesgo», «búsqueda creativa», «escucha al Espíritu» que todo lo hace nuevo. Arriesgar no es un camino fácil para ninguna institución, tampoco para la Iglesia. Pero no hay otro si queremos comunicar la experiencia cristiana en un mundo que ha cambiado radicalmente.
Cuando se vive del Espíritu creador de Dios, pertenecer a una institución que tiene dos mil años no es una excusa para no arriesgarse. Algo está fallando en la Iglesia si la propia seguridad y la preocupación por el futuro de las instituciones se vuelve más importante que la búsqueda creativa y arriesgada para servir al hombre de hoy el Evangelio y la esperanza cristiana.
Lo más grave del «tercer siervo» de la parábola evangélica no es que entierra su talento sin hacerlo fructificar, sino que piensa equivocadamente estar respondiendo fielmente a Dios con su postura conservadora, a salvo de todo riesgo. El hecho de que no hagamos nada que suponga un cambio de dirección no significa que estamos siendo fieles a Dios. Nuestra supuesta fidelidad puede ocultar cosas como rigidez, cobardía, inmovilismo, comodidad y, en definitiva, falta de fe en la creatividad del Espíritu. La verdadera fidelidad a Dios no se vive desde la pasividad y la inercia de quien no arriesga, sino desde la vitalidad y el riesgo de quien trata de escuchar hoy sus llamadas.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1995-1996 – SANAR LA VIDA
17 de noviembre de 1996

APRENDER A MIRAR

Fui a esconder tu talento bajo tierra.

La mirada de muchos se va haciendo cada vez más pragmática y corta. Las preguntas más habituales ante la realidad que nos rodea son casi siempre las mismas: ¿Para qué sirve?, ¿cuánto cuesta?, ¿qué ventajas me puede traer? Si no queremos seguir empobreciéndonos más, hemos de mirar la existencia de manera diferente.
Lo primero es, tal vez, aprender a mirar desde nuestro interior. Sólo así se puede captar la vida con cierta hondura. Lo decía bellamente Paul Claudel: «Qué buena idea cerrar los ojos para ver claro! Cuando se ha aprendido a servirse de ellos para adentro, no hay nada que no se vea por fuera mucho mejor.» Lo ha de saber, sobre todo, quien trata de abrirse al misterio de Dios. «Quien no encuentra a Dios en sí mismo, no lo encuentra jamás fuera. Pero el hombre que ha visto a Dios en el templo de su propia alma, lo verá también en el templo del universo» (G. CH. Ramacrisna).
Es importante, además, prestar atención a la inagotable riqueza de la vida. No todo es rentabilidad, dinero o eficacia. Hay algo más que fútbol y televisión. Está también la belleza, la emoción del corazón, el amor, el anhelo de lo infinito, la amistad, el disfrute de lo gratuito.
Es decisivo, por otra parte, no cerrarse al misterio. «La ciencia podrá ensanchar las dimensiones de la jaula en la que estamos encerrados; pero jamás podrá sacarnos de la jaula.» (J. M. Zunzunegi). Es necesario aprender a trascender y trascendernos. Mirar detrás de las cosas, en lo hondo de las personas, en la entraña de nuestras vidas. Siempre se pueden percibir signos y llamadas que nos invitan a elevar el corazón hasta la realidad última de Dios, origen y destino último de nuestro ser.
Por último, es de gran importancia aprender a mirarlo todo sin resentimiento, en actitud amistosa y abierta, con simpatía, buscando la comunión con las personas y con la creación entera. Todo se ve y saborea de manera diferente cuando se ama.
La parábola de los talentos es una invitación a desarrollar todas las posibilidades que Dios ha sembrado en nosotros. Es un error vivir con una mirada corta buscando sólo lo seguro, útil y provechoso. La vida es una aventura en la que la persona ha de ir respondiendo a la gracia de Dios de forma creativa.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1992-1993 – CON HORIZONTE
14 de noviembre de 1993

AUTOESTIMA

Fui a esconder tu talento bajo tierra.

A juzgar por el número de libros que se vienen publicando y por los cursos que se organizan, hay un interés cada vez mayor por la autoestima. Es un tema tratado con frecuencia en talleres de desarrollo personal o en cursos de formación empresarial.
Junto a este interés se advierte también en algunos sectores un cierto recelo, pues se piensa que la autoestima puede llevar a una actitud de individualismo insolidario y de egoísmo creciente, sobre todo, en una sociedad donde parece imponerse una cultura de signo narcisista.
El interés por la autoestima se remonta a William James, a finales del pasado siglo, pero ha adquirido una importancia central en la psicoterapia humanista. Basta pensar en la contribución de Carl Rogers para quien la raíz de los problemas de muchas personas está en que se desprecian o se consideran seres sin valor, indignos de ser amados.
La importancia de la autoestima estriba en que incide directamente en nuestra manera de ser. Nadie puede desentenderse u olvidarse de sí mismo. Constantemente nos estamos percibiendo: pensamos sobre nosotros mismos y nuestros comportamientos, nos evaluamos, nos sentimos bien o mal con nosotros, nos aceptamos o nos rechazamos. Y todo esto tiene repercusiones inmediatas sobre nuestra vida.
Si yo no me valoro en lo que realmente valgo, sí no aprecio de manera sana y realista las cualidades y talentos que poseo, no creceré como persona pues no descubriré nunca las posibilidades que el Creador ha sembrado en mí.
Por otra parte, si no acepto con paz mis limitaciones y reconozco con serenidad mis defectos, seré víctima fácil de la inseguridad y desconfianza en mí mismo. Me faltará esa sana «humildad» necesaria para arriesgarme en proyectos tal vez un poco comprometidos, pero accesibles a mis posibilidades.
Es un grave error «enterrar la vida» de manera estéril. La penetrante parábola de Jesús condenando al «tercer siervo» por «enterrar su talento», sin arriesgarse a hacerlo fructificar, es una llamada a la iniciativa, la creatividad y el compromiso responsable.
Tal vez hemos de empezar por esa sana aceptación de uno mismo con sus luces y sombras, con sus talentos y limitaciones. El conocido teólogo Juan Bautista Metz llega a decir que este «sí a uno mismo» puede considerarse «como imperativo categórico de la fe cristiana: ¡Aceptarás amorosamente la humanidad que se te ha confiado!... ¡Te abrazarás a ti mismo!»
Quien sabe aceptarse así, no vive «ensimismado», enamorado de su propia imagen y encerrado en un egoísmo insolidario. Al contrario, se siente responsable de su vida y se arriesga a crecer como persona buscando una vida más humana para todos.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1989-1990 – NUNCA ES TARDE
18 de noviembre de 1990

EL MIEDO AL RIESGO

Fui a esconder tu talento bajo tierra.

Nadie se atrevería hoy a hacer una crítica tan radical al conservadurismo cristiano como la que hace Jesús en su parábola de los talentos.
No hemos de olvidar que el tercer siervo de la parábola es condenado, no porque haya cometido maldad alguna, sino porque se ha limitado a conservar estérilmente lo recibido sin hacerlo fructificar.
Lo que Jesús critica no es simplemente «el pecado de omisión», sino la actitud conservadora de quien, por miedo al riesgo, reduce la fe a mera autoconservación, impidiendo su crecimiento y expansión.
No hemos de mirar a otros. El miedo al riesgo y la tentación fácil del conservadurismo nos acechan a todos. Pero ese miedo no es cristiano, y puede ocultar una falta de fe en la fuerza que se encierra en el evangelio.
Es explicable que a los dirigentes eclesiásticos les preocupe en estos momentos asegurar la ortodoxia y poner orden en el interior de la Iglesia, pero, ¿es eso lo que va a revitalizar el espíritu de los creyentes?
Para los teólogos puede ser más cómodo «repetir» una teología heredada ignorando los interrogantes, intuiciones y valores del hombre moderno, pero ¿no se esteriliza así el cristianismo haciéndolo aparecer como una reliquia históricamente superada?
Para los pastores puede ser más fácil y gratificante «restaurar» formas religiosas tradicionales para ofrecerlas a quienes todavía se acercan, pero ¿es ésa la manera más evangélica de hacer fructificar hoy la fuerza salvadora de Jesucristo en las nuevas generaciones?
A todos nos puede parecer hoy más seguro y prudente defender nuestra fe en una especie de «ghetto» y esperar a que lleguen tiempos mejores, pero ¿no es más evangélico vivir en medio de la sociedad actual esforzándonos por construir un mundo mejor y más humano?
Esta actitud defensiva es tanto más peligrosa cuanto que no se presenta bajo su propio nombre, sino invocando a la ortodoxia, el sentido de Iglesia o la defensa de los valores cristianos. Pero, ¿no es, una vez más, una manera de congelar el evangelio?
La Iglesia no pierde su fuerza y vigor evangélico por los ataques que recibe de fuera, sino porque dentro de ella no somos capaces de confiar radicalmente en el Espíritu, y de responder de manera audaz y arriesgada a los retos de nuestro tiempo.
Lo más grave es que, lo mismo que el siervo de la parábola, creemos estar respondiendo fielmente a Dios con nuestra postura conservadora, mientras podemos estar defraudando en realidad sus expectativas.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1986-1987 – CONSTRUIR SOBRE LA ROCA
15 de noviembre de 1987

VIVIR CRECIENDO

Fui a esconder tu talento bajo tierra.

Cuántas personas “mueren” hoy mucho antes de que les llegue la hora de la muerte. Les harán los funerales dentro de unos años, pero en realidad, ya «han muerto”. No crecen ni se desarrollan, no se abren a nada nuevo.
Son hombres y mujeres que viven repitiéndose día tras día. Encerrados en sus costumbres de siempre. Instalados en un bienestar decadente y estéril.
Qué fácil es a lo largo de los años recortar nuestros ideales y aspiraciones, contentarnos con “conservarnos” lo mejor posible, bloquear las posibilidades encerradas en nosotros y resignarnos a “ir tirando”.
Qué fácil caer en el conformismo, adaptarnos a la moda de turno, seguir los caminos superficiales que siguen todos.
A unos los paraliza el miedo a correr riesgos. A otros los asusta el asumir responsabilidades que les complicarán la vida. Hay quienes se han incapacitado para todo lo que requiera esfuerzo y prefieren vivir satisfaciendo los instintos de siempre.
Pero esa vida, aparentemente la más fácil y cómoda, es triste y dura porque, como decía S. Gregorio de Nisa es una «vida muerta”. Una vida sin vida y sin alegría verdadera.
En una parábola realmente sorprendente, Jesús condena de manera tajante al hombre que sólo sabe conservar su vida «enterrándola» por miedo a riesgos y complicaciones posibles.
Seguir a Jesús es, más bien, vivir creciendo. Liberarnos día a día de todo lo que desde dentro o desde fuera nos bloquea y paraliza. Romper ataduras, servidumbres y cobardías que nos esterilizan y matan como hombres y como creyentes.
Siempre podemos cambiar y ser mejores. Siempre podemos liberar en nosotros las fuerzas de una vida más noble y generosa. Intensificar nuestro amor a cada persona. Generar más vida a nuestro alrededor.
Pero esta vida sólo puede crecer cuando en nosotros hay paz y amor. El odio, la envidia, la agresividad no pueden ser nunca fuente de verdadero crecimiento y creatividad.
El creyente, aunque nadie le entienda desde fuera, encuentra en Dios “la fuente de vida». Y aun en los momentos más difíciles acude a El confiado, con aquellas palabras del salmista: “Señor, consérvame vivo” (Sal 142, 11).

José Antonio Pagola

HOMILIA

1983-1984 – BUENAS NOTICIAS
18 de noviembre de 1984

MUCHO MÁS QUE CONSERVAR

Escondí tu talento.

En poco tiempo hemos visto hundirse entre nosotros ideales so- dales y religiosos que sólo hace unos años despertaban la generosidad y entrega de hombres y mujeres. Las nuevas generaciones difícilmente encuentran causas nobles por las que merezca la pena luchar. Mejor es vivir el presente intensamente exprimiéndole el máximo placer.
Al mismo tiempo, valores tan importantes como la familia, la autoridad, la tradición, el magisterio de la iglesia, han quedado oscurecidos o se han debilitado profundamente en la conciencia de muchos.
El desconcierto se ha hecho todavía mayor al caer por los suelos normas concretas de comportamiento y leyes de conducta que hace unos años eran todavía intocables.
La crisis ha provocado en muchos una sensación de vértigo, vacío y desorientación. No pocos se preguntan con inquietud: ¿Ha cambiado la moral? ¿Ya no hay pecado? ¿Hemos vivido equivocados hasta ahora? ¿ Cuándo volverán de nuevo los tiempos pasados?
No es de extrañar la reacción de muchos que se defienden instalándose íntegramente en el pasado, cerrándose a toda novedad y gastando casi todas sus energías en «conservar intacta la moral de siempre».
Sin embargo, la sorpresa del «tercer siervo» de la parábola, condenado solamente por preocuparse de «conservar el talento» sin arriesgar nada más, nos recuerda que seguir a Jesús es mucho más que conservar intacta nuestra moralidad frente a todo y frente a todos.
La moral cristiana no consiste en conservar fielmente la herencia que hemos recibido del pasado, sino en buscar, movidos por el Espíritu de Jesús, cómo ser más humanos precisamente en el mundo de hoy.
Las leyes son necesarias. Nos indican la dirección en que hemos de buscar y nos señalan los límites que no debemos franquear. Pero sería una equivocación pensar que estamos respondiendo a las exigencias profundas de Dios sólo porque nos mantenemos íntegros en el cumplimiento de unas leyes.
Ser creyente es algo mucho más grande y apasionante que enterrar nuestra vida en unas leyes para conservarla segura.
El seguimiento a Jesús es siempre llamada a buscar y crear una humanidad nueva y siempre mejor. Por eso mismo, seguir a Jesús es riesgo más que seguridad. Exigencia fecunda más que cumplimiento estéril. Urgencia de amor más que satisfacción del deber cumplido.

José Antonio Pagola

HOMILIA

1980-1981 – APRENDER A VIVIR
15 de noviembre de 1981

ENTERRAR LA VIDA

Escondí tu talento bajo tierra.

A pesar de su aparente «inocencia», la parábola de los talentos encierra una carga verdaderamente explosiva. Sorprendentemente, el «tercer siervo» es condenado sin haber cometido ninguna acción mala.
Su pecado consiste precisamente en «no hacer nada», no arriesgar su talento, conservarlo del modo más seguro posible.
Según Jesús, es una grave equivocación pensar que el hombre da a Dios lo suyo con tal de no cometer ninguna acción mala. Al contrario, el que no se arríesga de manera positiva y creadora a realizar el bien, aunque no viole ninguna ley, está ya defraudando las exigencias profundas de Dios.
El pensamiento de Jesús es claro. Nuestro gran pecado puede ser la omisión, el no arriesgarnos en el camino del hacer el bien, el contentarnos con «conservar el talento».
Basta recordar un cierto lenguaje «cristiano» para percibir en qué hemos puesto nuestro cuidado. «Conservar» el depósito de la fe, «conservar» la gracia, «conservar» las buenas costumbres, «conservar» la vocación... ¿Es este cristianismo «en conserva» el querido por Jesús?
Alguien ha dicho que «la apatía constituye el pecado clave del mundo moderno» (H. Cox). Apatía que significa abandono y renuncia a ser realmente hombre. Negativa a asumir los riesgos de una vida responsable.
Los cristianos hemos visto con frecuencia al pecador como el hombre soberbio, de actitud rebelde y desafiante. Quizás tengamos que recordar más este otro pecado de quien «renuncia a las implicaciones de su propia dignidad humana» (J. Pieper).
Cada uno tenemos ante nosotros un quehacer al que no podemos renunciar. Una tarea en la que nadie nos puede sustituir.
En concreto, tenemos que empezar por decidir quién quiero ser yo en realidad, y en qué clase de sociedad quiero vivir. Debemos escuchar el evangelio como una llamada a la iniciativa, a la creatividad, a la responsabilidad adulta.
Nada nos puede excusar de una actitud de pasividad, pereza y conservadurismo. No vale decir que bastante tenemos con «seguir tirando», que apenas hemos recibido en la vida más que un pequeño talento.
Todos estamos recibiendo «gracia». No como algo mágico que se nos da desde fuera y se añade a nuestros esfuerzos, sino como aliento del Oreador que anima toda nuestra existencia.
Renunciar a la creatividad, no arriesgarse a crecer como personas, no comprometernos en la construcción de una sociedad mejor, es enterrar nuestra vida y traicionar no sólo nuestra propia dignidad humana sino también los designios del Creador.

José Antonio Pagola



Blog:               http://sopelakoeliza.blogspot.com

Para ver videos de las Conferencias de José Antonio Pagola
                        http://iglesiadesopelana3v.blogspot.com